La llave de la humillación

Tener un corazón humillado a Dios te permite ponerte bajo su gobierno, en sumisión, en obediencia.

Reina-Valera 1960
1ª Pedro 5:6-11
6. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;
7. echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
8. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
9. al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
10. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
11. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Humillar el Yo, el ego, el orgullo, en pocas palabras: la carne, es el inicio de los padecimientos que deben cumplirse en un hijo nacido del Espíritu.
¿Quieres ser perfeccionado, afirmado, fortalecidos y establecido?
Pues debes ponerte bajo su mano.


La llave de la humillación: el camino que abre las dimensiones del Espíritu.
Muchas veces buscamos avanzar, crecer, ver fruto, escuchar a Dios, buscamos complacerlo… pero seguimos quedados en el mismo lugar. ¿Por qué?
Deuteronomio 8 nos da una respuesta clara: la humillación es una llave espiritual. Una llave que rompe el poder del “yo” y abre las dimensiones de la voluntad de Dios sobre nuestro corazón.

Deuteronomio 8:2
“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón…”
Dios mismo conduce al desierto para humillar, probar y revelar qué gobierna dentro de nosotros:
¿Su Espíritu? ¿O el “yo”, la carne y el vientre?

¿Qué es humillación según la Palabra?
No se trata de vergüenza ni desprecio.
Según la Escritura y el significado mismo:
Doblarse delante de Dios.
Arrodillarse en sumisión.
Abatir el orgullo: derribar, destruir, tirar por tierra la altivez.
Dejar que Él gobierne, no el Yo.

Por eso 2 Samuel 22:28 dice:
“Salvas al pueblo humillado y tu mirada abate a los altivos.”
La humillación no es derrota: es una llave para entrar a las dimensiones del espíritu, para conocer el corazón de Dios. Pues Dios está buscando vasos rendidos a su voluntad.

Salmos 51:17
 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; 
 Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

La humillación como llave espiritual
La carne quiere excusas, comodidad, derechos, argumentos.
El “yo” quiere ser primero, quiere su voluntad, quiere su propio camino.
Por eso Jesús enseñó:
Mateo 23:12
“El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”
El que se pone primero, cae.
El que se postra, es levantado por Dios.

La humillación vence al Yo
Miqueas 6:8 resume tres claves:
Hacer justicia → Hacer lo que Dios quiere, no lo que yo quiero.
Amar la misericordia → Servir, ayudar, darse por otros. Humillarnos, hace que el YO salga del foco y podamos ponernos en calidad de siervos, viendo en otros, abatiendo el ego y el orgullo.
Humillarse ante Dios → Doblegar el Yo diariamente.
Estas tres cosas rompen el dominio del vientre, la carne y el egoísmo.

El peligro de andar en el vientre
Pablo lo dijo llorando (Filipenses 3:18–19): hay quienes son enemigos de la cruz porque su dios es el vientre.

¿Quién es el que “anda en el vientre”?
El que:
Es egoísta → Busca lo suyo primero.
Es altivo → Levanta excusas y argumentos contra la luz de Cristo.
Es orgulloso → Vive en la vanidad del Yo.
Y Dios advierte:
Levítico 26:19
“Quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo; haré vuestro cielo como hierro y vuestra tierra como bronce.”
El cielo cerrado y la tierra sin respuesta son fruto de un corazón que no se rinde.

¿Por qué el desierto no termina?
Porque el Yo te ata a la tierra.
El orgullo endurece el cielo.
La altivez cierra la tierra.
Y mientras el vientre gobierne, no habrá avance, ni fruto, ni voz, ni agua.

Quieres a Cristo… entonces muere
Eso enseñó Pablo:
“Todo lo tengo por basura… para ganar a Cristo.” (Filipenses 3:8)
Morir al Yo es romper el odre viejo.
Es dejar que se destruya lo carnal, para que lo espiritual pueda elevarse.
Que el orgullo, lo altivo caiga y sea allanado
Y lo humilde se eleve.

"Todo valle sea elevado, y bajado todo monte y collado; vuélvase llano el terreno escabroso, y lo abrupto, ancho valle", se encuentra en la Biblia, específicamente en el libro de Isaías 40:4, y se refiere a la preparación del camino para recibir al Señor, indicando que Dios allanará (bajará lo altivo) y levantará lo humilde, comparándolo como los valles. 

¡Qué importante usar la llave de la humillación!
No hay transformación sin humillación 
No hay arrepentimiento y cambio de vida, sin humillación.
No hay plenitud sin humillación.
No hay cielo abierto sin rendición.
No hay Cristo sin cruz.
Humillarnos, ser vasos rendidos hace que Dios sea exaltado en nuestra vida y se muestre en la plenitud de su majestad.

La humillación es la llave que abre lo que el orgullo mantiene cerrado.
Es la postura que Dios exalta.
Es el terreno donde el Espíritu florece.
Y así como en Deuteronomio 8, Dios sigue llevando a sus hijos por caminos donde el Yo se derrumba…para que Su gloria se levante.

Humillate ante Dios.
Reconocelo en todo lo que hagas.
Busca su voluntad.
Postra tu Espíritu.
Sal del Yo, rompe tus ligaduras al ego y a las búsquedas personles
Sé un vaso rendido.


Salmos 119:67
 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; 
 Mas ahora guardo tu palabra.

Salmos 119:71
 Bueno me es haber sido humillado, 
 Para que aprenda tus estatutos.







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