Nunca se trató del hombre

Nunca se trató de que la gente llegara a ti, ni a un salón de ladrillo.
Siempre se trató de Cristo, no del hombre.
Nunca se trató de una plataforma sino de la vida en comunidad.
Nunca se trató de pirámides, ni títulos sino de posicionar al Cristo cada uno como el Maestro de su Vida.
Nunca se trató de reuniones con itinerarios y sermones armados, sino del escuchar cada uno la voz del Espíritu.
Nunca fue llenar un salón, ni de llevar feligreses al hombre "ungido" de la plataforma.
Siempre se trató de que la gente vaya al Padre.
¿Nuestra tarea?
Puedes nombrarla de muchas formas: colaboradores, sembradores del mensaje, embajadores, mensajeros, enviados, regadores, pero lo cierto es que quien porte a Cristo y lo manifieste, en su esencia se vuelve un discípulo, un representante de Él en la tierra... Un abridor de camino, un distinto que NO se pone en medio de ese camino estorbando para que la gente vaya, se incline, lo admire y dependa de él, sino para que los hijos vuelvan al corazón del Padre, para que los hijos entren en su voluntad, lo conozcan y se hagan uno con Él.

Cristo es el único espíritu intercesor para que los hijos vayan al Padre.
No estorbes el camino, con tu humanismo.
Deja de buscar que te miren, que te adoren, que te busquen a ti, que te aplaudan, que te sigan, que te idolatren, porque el Alfa y la Omega es Cristo... El buen Pastor, El Maestro es Cristo.
Deja de llevar a la gente a hombres.
Basta de superhéroes, basta.

Que el único que murió y pagó un precio de sangre para que tu y yo estemos vivos es Cristo.
Él por su gracia tuvo misericordia de nosotros cuando estábamos hundidos en pecado.
No lo hizo el hombre.

Lo hizo Él.

Toda la gloria sea para Nuestro Señor Jesucristo, por siempre y para siempre.





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