Altares


La Iglesia de la carne, la que no pasó por la Cruz, siempre buscará en el activismo el agrado de Dios.
Sus sacrificios son buenas ideas, intenciones, elocuencia de púlpito y manoseo emocional de las almas desbordadas de carne.
No pienses que levantas un altar saliendo a una calle o levantando un salón de ladrillo.
Un altar se enciende con carne quemada, fuego y carne cada día.
Sí!
Carne quemada por el fuego.
Rendir la carne, es rendir la voluntad humana.
Si no hay voluntades rendidas en las familias de la tierra, en las personas... No hay altares.
La Iglesia del Espíritu, entiende que cada hijo, cada casa debe ser un altar encendido para el Padre.
Ser un altar es estar lleno del fuego del Espíritu Santo cada día.
Un fuego que quema toda carne, toda carnalidad, vanidad, toda malicia, rebeldía, oposición, pecado e iniquidad.
Un fuego encendido en los hijos del Espíritu... En los genuinos... Los que se encontraron con la Cruz, los que no buscan lo suyo sino la voluntad del Altísimo.
Los que pasaron con la Cruz son aquellos que murieron a su carne, en aquellos que ofrecen cada día sacrificio de obediencia a la fuente de vida, que no es un hombre, que no es un líder, que no es un salón sino a Dios mismo.
Son aquellos que han rendido y rinden su voluntad al Padre cada día, no en un evento.
Son aquellos que andan en Verdad.
Aquellos que no transan el mensaje.
Aquellos que no buscan mostrarse como elevados, para generar adeptos en sus filas.
Sino lo que pregonan y disfrutan la verdadera hermandad... la del Espíritu.
Ser un altar, no es cantar en un lugar.
Ser un altar es adorar en Espíritu y Verdad... Cada día haciendo la voluntad del Padre.
Porque dónde se hace la voluntad de Dios, en una casa, en una familia, en una persona hay olor fragante, obediencia, sacrificio agradable a Dios.
El Reino nunca consistió en palabras o doctrinas de hombre... Nunca se trató del hombre y su ego, ni de santificar un salón de ladrillo, sino de mostrar a Cristo, andando en Verdad, en Justicia, en Misericordia cada día de tu vida.
Más el tiempo ha llegado, dónde nadie que se halla encontrado realmente con el Cristo buscará beber el agua de pozo, y nadie podrá decir bebo del pozo de mi padre Abraham o Jacob, o del Padre espiritual "Menganito" o de mi madre espiritual "Fulanita".
Porque el único Padre de los Espíritus es Jehová Dios.
Ya no buscarán beber de pozos de hombres o cisternas rotas, sino que los verdaderos adoradores se levantarán. 
Ya no buscarán en eventos humanos que no le cambian la vida a nadie. Porque si los que dicen Iglesia andan en la carne, no se han encontrado con la Cruz, sólo son gente sirviendo a la mezcla de Babilonia, por tanto pregonan humanismo que no le cambia la vida a nadie.
Pero los hijos del Espíritu han pasado por la Cruz, entienden que hay que nacer de nuevo para ver el Reino.
Ya no andan en el Yo, más buscan la voluntad de Dios.
Ellos son altares vivientes, adoradores en Espíritu y Verdad... Gente que bebe de la mima fuente de Vida, que es el Padre.
Los que se nutren de Cristo, los que se llenan de su fuego santo y queman lo corruptible, su carne y su voluntad.



Reina-Valera 1960
Juan 4:23-24
23. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

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