¿En dónde estás parado?
Si quieres usar la Espada del Espíritu, debes saber que esa espada corta cuando va y cuando viene.
No solamente para cortar la malicia del sistema, sino que esta empieza por ti.
Para acceder al árbol de la vida, Adán debe morir.
Debe pasar a través de los querubines y la espada encendida del Espíritu.
No pienses que puedes comer del árbol de la vida sin morir.
Génesis 3:24
Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
Sin muerte a lo viejo, no hay nueva vida.
La muerte al Yo y a las identidades y configuraciones del sistema deben morir en tu vida.
Porque sino serás como un instrumento que resuena porque emite sonidos vacíos.
Dirás Señor, Señor ... Amén, amén... sin hacer vida la palabra.
Sin que el Verbo se haga Carne.
¿Cuál es tu identidad?
Porque según entiendas tu identidad, allí invertiras tu vida y tu atención.
Creeme esto se notará... El espiritual se da cuenta.
Porque en el Reino es inadmisible tener doble vida.
No se puede servir a dos señores, porque amará uno y aborrecera al otro.
Es así.
¿Es realmente Cristo el Señor de tu vida?
¿O en tu cotidianidad compite con otros baales o señores qué todavía no has removido de sus tronos?
Si hay algo que condeno Jesús, fue el doblez de corazón, las reservas, la hipocresía y la doble vida de los que se decían hijos de Dios.
Porque entiende con lo que lidia el hombre: la complacencia.
El hombre busca complacer al hombre y al sistema porque desea ser amado, aceptado, y lleno de las cosas que ve.
¿Pero cuántos están dispuestos a morir por complacer al que no se ve con los ojos naturales?
Cuántos están dispuestos a ser verdaderos, genuinos cuando nadie los está viendo, o cuando se te junta el público: los carnales con los espirituales.
¿Cuántos marcan su línea?
¿Cuántos han roto las ataduras al hombre?
¿Te has definido?
Creeme, si esto no está se notara. De cierto se notarán los residuos y mañas del viejo hombre junto con el humanismo con sus ataduras, que terminan delatando el punto espiritual en el que estás parado.
¿Dónde estás parado?
¿Que llena tu corazón?
¿Que acapara tu atención?
Porque de la abundancia de corazón habla la boca.
Cada cual habla lo que lo está llenando.
Porque el corazón es el terreno donde el hombre levanta ídolos en base a sus configuraciones y a quien cree que es.
El corazón y la mente, buscan complacer a esos dioses.
¿Cuál es tu identidad?
¿Eres el hijo de Pepito, el hermano de Menganito, el Padre de Fulanito? ¿O eres un Hijo de Dios?
¿Eres Simón, "hijo" de Jonás o eres Pedro, el apóstol de Cristo?
¿Eres el pescador de peces o el que fue llamado a poner la piedra, el primer fundamento de la Iglesia con un discurso que convertiría multitudes?
Que importante esto, no puedes llevar doble vida.
Porque tarde o temprano saldrá a la luz.
¿Quien eres?
Según la identidad que elijas, a ellas le dedicarás vida, sudor y sangre, tu tiempo y tu atención.
Si eliges la carne, traeras a ti cosas de la carne: alma, sentimentalismo y buenas intenciones que no le cambian la vida a nadie... Sólo pasar de años, espera de la vejez con un cúmulo de momentos sin legado eterno.
Si eliges el Espíritu, traeras a ti verdad, vida y justicia. Legado para las generaciones venideras, de alguien que eligió ser diferente, un justo en la Tierra. Alguien distinto.
Ahora bien, escudriñate: ¿Para quién estás viviendo? ¿Para el Espíritu o para la Carne? ¿A que sigues atado? ¿Cuáles baales estás sirviendo?