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¡Bienvenido!

Si estás leyendo nuestros post, no es casualidad.
Somos Hijos del Espíritu, una comunidad nacida del deseo de vivir el evangelio como Cristo lo estableció: en Espíritu, en Verdad, y fuera de toda forma, estructura humana o apariencia que oscurezca la luz del Reino.

Creemos que existen dos Iglesias o dos estados del cuerpo:

La Iglesia de la Carne, caída, esclava de las formas, del humanismo, de la apariencia y del temor al hombre. Es aquella que busca de Dios a través del esfuerzo humano y las edificaciones hechas de ladrillo. Estos son los hijos de las buenas ideas e intenciones. Adoradores del hombre, del humo, las luces, los púlpitos y plataformas. Son pregonadores de puro humanismo.

La Iglesia del Espíritu, resucitada, formada por aquellos que han pasado por la Cruz, han muerto a la carne y viven para los negocios del Padre. Estos son los hijos nacidos de la matriz libre, los hijos nacidos del espíritu.

Nosotros elegimos ser parte de la Iglesia del Espíritu, la que:
No va a la Iglesia, sino que ES Iglesia
La que entiende que no es un edificio ni un sistema,
No es un púlpito, un cartel denominacional o un itinerario,
Sino un cuerpo vivo, unido por Cristo, guiado por el Espíritu y movido por la Verdad en unión con los iguales.


En esta comunidad buscamos hacer la voluntad del Padre, andar en justicia, siguiendo la voz que viene de la fuente: Cristo. Pregonamos madurez espiritual, manifestación de la luz, orden, que el verbo se haga carne y la palabra: vida en los hogares.
No nos mueve la apariencia, sino la esencia.
Rechazamos el adoctrinamiento humanista que moldea mentes como ladrillos de un sistema caído.
No nos doblamos ante la imagen del hombre ni servimos a Babilonia y sus mezclas.

Nuestro propósito es claro:
anunciar arrepentimiento, restaurar el diseño, volver los corazones al Padre y edificar un cuerpo que viva en Justicia y Verdad.

No buscamos seguidores, números ni popularidad.
Buscamos a los iguales: a los nacidos del Espíritu, a aquellos en quienes el viento del Reino sopla y despierta.
A quienes aman más la voluntad de Dios que su propia vida.
A los que no temen perder, porque ya han ganado a Cristo.

Creemos en una Iglesia:
que es cada persona, templo del Espíritu 
que se mueve como un cuerpo orgánico, y no por instituciones humanas
sin pirámides ni jerarquías humanas,
sin púlpitos ni plataformas
sin control ni manipulación,
sin doctrinas inventadas por el hombre
sin carteles 
sin denominaciones 
sin exaltación al Yo y a los egos humanos
donde cada hijo es templo del Espíritu, donde hay libertad, pacto, acuerdo y vida real.


Somos parte de la Iglesia resucitada, la esposa, la que crucificó su carne y vive bajo una sola cabeza: Cristo.
La Iglesia de los decapitados de Apocalipsis 20:4: aquellos que no caminan en su propia cabeza, sino sometidos al gobierno del Espíritu.

Si algo en lo que compartimos te trae entendimiento, si la luz te despierta, si estas palabras te confrontan con tu propio estado… permítele al Espíritu escudriñarte.

¿Se corresponde tu vida con la palabra que profesás?
¿El Verbo se hizo carne en vos?
¿Hubo Cruz?

Aquí no venimos a entretener, sino a edificar.
No venimos a agradar al hombre, sino a agradar a Dios.
No venimos a generar seguidores, sino a reunir a los hijos de la matriz libre.

Si buscás lo mismo, si tu espíritu da testimonio, si tu corazón arde por la voluntad del Padre… entonces bienvenido entre los Hijos del Espíritu.


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