Tu riqueza es Cristo



No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. (Hechos 3:6)

¿Cuál es tu riqueza?
¿Qué es lo que tienes para ofrecer a otro?
¿Dinero, un buen trabajo, una casa, un auto, el último teléfono, éxito, fama, una pareja, hijos?
¿Qué te diferencia aún de la vida de un animal?
¿Nacer, crecer, reproducirte y morir?
¿Esa es tu riqueza?
¿Esos son los objetivos de tu vida?

Déjame decirte que esa no era la riqueza de la Iglesia del libro de los Hechos.
Pedro, Juan, Pablo y todos los apóstoles sabian que lo que ellos portaban algo, o mejor dicho a alguien y no tenía nada que ver con esas cosas.
Porque si el Reino tuviera que ver con esas cosas ninguno de ellos hubiese podido cumplir su comisión: ya que ellos habían dejado todo por causa del Reino.
Ahora bien; ¿Por qué te glorias de eso?¿Porque el tener o no tener esas cosas aflige tu alma y apaga tu fé?
¿Por qué te roba el gozo y la paz?
¿No será que para ti el Reino tiene que ver con añadiduras?
¿No será que estás desgastando tu vida buscando riquezas materiales?
Para pensar no?

Ahora bien, debes entender que un auto, una casa, un teléfono, un buen trabajo no sirven para cambiar una vida, no restauran, no sana, no traen paz, gozo, esperanza, amor, gozo, ni mucho menos libertad... Solo traen saciedad a la carne y al ego, más no al espíritu.
Puedes tenerlo todo (lo material) y no tener nada.
Y puedes no tener nada (material) y tenerlo todo, porque lo tienes a Él.
Tienes a Cristo, tienes al Rey.
Tienes contigo la Verdad, la libertad.
Lo tienes todo.
Tienes todo lo necesario, tienes el poder de Dios  para libertar y sanar, para restaurar todo a su diseño original.
Para afirmar a otros y ayudarlos a ponerse en pie para caminar.
Eres un vaso de barro, con un tesoro.
Cristo es el tesoro.
Reconoce que su poder no reposa en los que se creen mucho, en los que se creen ricos.
Bien lo dice la escritura en Mateo 5:3 "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos."
El pobre en Espíritu es aquel a quien vino Cristo a enriquecer con su esencia y poder.
Sé un vaso rendido.
Sé un vaso que El pueda usar.
Deja de divagar en tus asuntos y necesidades.
Deja de aspirar a lo que buscan los hombres caídos.

1ª Juan 2:16
porque nada de lo que hay en el mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida proviene del Padre, sino del mundo.

No necesitas tener el último auto, no necesitas un título, una posición, dinero, fama, para hablar con poder y autoridad, porque la competencia no viene de ti sino de Dios. 
Necesitas creer y caminar en justicia con los ojos puestos en Jesús.
Necesitas entender quién eres para Dios. Un portador de su presencia.
Un vaso de barro.
Permite que cada día el moldee tu carácter, para que conozcas su corazón.
Es allí donde entenderás que Él es tan inmenso, y que comparlo o rebajarlo a añaduras, es nunca haber entendido para que vino Jesús.


1ª Corintios 2:12
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.


2ª Corintios 3:5
No que estemos capacitados para hacer algo por nosotros mismos; al contrario, nuestra capacidad proviene de Dios,

Hablas porque Dios a través de Cristo, nos dió autoridad de hablar, libertad para hablar y andar en Verdad sin congraciar con nadie, sin estar atados a nada ni nadie, nos dió vida, para juzgar todas las cosas sin temor a ningún hombre, denuedo, valentía.
El avance en el Reino no se mide por lo que tienes carnal mente, sino por lo que pierdes. 
Si fuese así el Reino sería de los ricos de este mundo.

Mateo 19:23-24
23. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: — De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
24. Otra vez os digo que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

Por esto, mira a Pedro y Juan, quienes dejando sus empleos de pescadores, no tenían el último auto, la última casa, el último teléfono, sabian lo que portaban, y lo que portaban no era comparable ni con la plata ni con el oro, portaban a Cristo y si lo tenían a Él lo tenían todo.




Reina-Valera 1995
Hechos 3:1-12
1. Pedro y Juan subían juntos al Templo a la hora novena, que era la de la oración.
2. Había un hombre, cojo de nacimiento, que era llevado y dejado cada día a la puerta del Templo que se llama la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo.
3. Éste, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les rogaba que le dieran limosna.
4. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: — Míranos.
5. Entonces él los miró atento, esperando recibir de ellos algo.
6. Pero Pedro dijo:  No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7. Entonces lo tomó por la mano derecha y lo levantó. Al instante se le afirmaron los pies y tobillos;
8. y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el Templo, andando, saltando y alabando a Dios.
9. Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios.
10. Y lo reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del Templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.
11. Mientras el cojo que había sido sanado tenía asidos a Pedro y a Juan, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.
12. Al ver esto Pedro, habló al pueblo: «Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho andar a éste?

Entradas populares