¿Qué hay en tu corazón?
¿En realidad crees que teniéndolo a Él lo tienes todo?¿Lo crees?
Porque el desierto es un lugar donde se expone que es lo que cree el hombre y que es lo que busca.
El pueblo de Israel fue sacado de Egipto al desierto y estuvo allí 40 años.
¿Qué había en su corazón?
¿Había dependencia y contentamiento con Dios?
Pues claramente, cuando el pueblo de Israel salió físicamente de Egipto, por medio de la mano fuerte del Señor, llevaban esclavitud en su corazón.
Esclavitud hacia ellos mismos.
Esclavitud a su vientre, a sus deseos y deleites.
Eran esclavos de su necesidades carnales y buscaban que Dios las satisfaga.
Eran esclavos de su carne y consideran que Dios estaba para satisfacerlos a ellos.
Y es que toda una vida de servidumbre al hombre y de confianza en el sistema, habían endurecido su corazón, vivían en su egoísmo, buscando lo propio.
Eran amadores de sí mismos y buscadores de añadiduras.
Si bien en el desierto, fueron alimentados con mana del cielo, ellos querían otra comida.
Fueron cubiertos del sol y del frío por Dios, más ellos querían que Dios les saciara sus necesidades carnales.
Buscaban lo que su carne les pedía.
Su carne era su ídolo.
Su carne era su dios por esta razón eran rebeldes, opositores al espíritu, idolatras, murmuradores, malagradecidos, infieles, quejumbrosos, buscaban sus placeres y deleites antes que la voluntad de Dios.
Por todo esto esa generación no entro a la Tierra Prometida, pues el gobierno de su carne nunca salió de su corazón, nunca se rindieron a Dios.
Nunca entendieron que ya tenían todo teniéndolo a Él y que lo otro sólo era añadidura.
Hasta el día de hoy esto sucede, y que la iglesia de la carne promete un dios de añadidos, ensancha la puerta estrecha, profetiza (o adivina) búsquedas personales, autos, casas, lujos, viajes, templos de ladrillo, títulos, dinero, pero se apartaron del mensaje original: arrepentios, porque el Reino de los Cielos ha llegado.
Dicen tener a Cristo, y tenerlo todo, pero sus vidas hablan lo contrario. Gastan su tiempo en búsquedas propias, buscan amontonar cosas materiales, fascinan las mentes con fábulas y mitos, más apartan la gente de la Cruz.
Sin arrepentimiento no hay Cruz.
Sin Cruz no hay nacidos de nuevo.
Son Cruz no hay nueva Vida, ni promesas, ni herencia porque no hay madurez.
Si aún tu no entiendes esto, escudriña junto al Espíritu tu mente y tu corazón: ¿Que buscas en Dios?
Entiendes que eres vaso de barro, y que ya teniéndolo a Él posees un tesoro, que ni toda la plata ni el oro del mundo lo puede comprar.
¿Lo entiendes?
Reina-Valera 1995
Deuteronomio 8:1, 2, 3, 4, 5, 6, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17 y 18
1. »Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, seáis multiplicados y entréis a poseer la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres.
2. Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová, tu Dios, estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.
3. Te afligió, te hizo pasar hambre y te sustentó con maná, comida que ni tú ni tus padres habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.
4. El vestido que llevabas puesto nunca envejeció, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años.
5. Reconoce asimismo en tu corazón, que, como castiga el hombre a su hijo, así Jehová, tu Dios, te castiga.
6. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová, tu Dios, andando en sus caminos y temiéndolo.
11. »Cuídate de no olvidarte de Jehová, tu Dios, para cumplir los mandamientos, decretos y estatutos que yo te ordeno hoy;
12. no suceda que comas y te sacies, edifiques buenas casas y las habites,
13. cuando tus vacas y tus ovejas aumenten, la plata y el oro se te multipliquen y todo lo que tengas se acreciente,
14. se ensoberbezca tu corazón y te olvides de Jehová, tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;
15. que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes venenosas y de escorpiones; que en una tierra de sed y sin agua te sacó agua de la roca del pedernal;
16. que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien,
17. y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza;
18. sino acuérdate de Jehová, tu Dios, porque él es quien te da el poder para adquirir las riquezas, a fin de confirmar el pacto que juró a tus padres, como lo hace hoy.