Venciendo el temor


Sí hay algo que impide disfrutar de la presencia del Padre y de SU paternidad, es el temor.
El temor se manifiesta en muchas formas y cada una de ella radica en una misma causa: El "YO"
El temor es la coraza, que busca la preservación del control del "YO".
El "YO" tiene:
Temor a confiar en el hombre
Temor a que hablen de él 
Temor a que lo traicionen o a que le mientan 
Temor a fallar
Temor a ser lastimado
Temor a sufrir decepción 
Temor a soltar y perder el control de las cosas
Temor a lo desconocido 
Temor al futuro
Temor a morir y entregar todo
Todo este temor es al hombre. Es humanismo.
Pero Jesucristo bien dijo, no se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. (Juan 14:1)
No por nada, los discípulos cuando recibieron el espíritu hablaban con denuedo... es decir hablaban sin temor, pues habían perdido el temor al hombre y lo que fluía a través de ellos era fé, una total convicción, una total seguridad que daba el Espíritu Santo.
El temor, el miedo es el opuesto al amor y a la fé.
El miedo lleva consigo tormento y castigo (1 Juan.4:18).
El miedo, es la sustancia que el diablo usa para proyectar realidades en la mente que son mentiras, que distorsionan la imagen de como Dios nos ve.
Pero la fé y el amor, llevan consigo paz
La fé es la sustancia que nos permite ver cómo Dios nos ve en realidad: como sus Hijos: libres, sanos, prósperos, plenos, amados.
Así que no temas, dice el Señor en Isaías 41:10, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.
Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré”. (Isaías 41:13)
Porque sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:28-32)

Gracias Padre porque cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. (Salmo 56:3). En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? (Salmos 56:4)







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