La mente: El gran campo de batalla espiritual
Esta es la primera gran verdad que necesitamos reconocer.
Todo comienza ahí.
Antes de que tomes una decisión, antes de que sientas una emoción, antes de que actúes, primero lo pensaste.
Pensamientos que van y vienen, muchos de ellos son sembrados por la voz del enemigo, el sistema y las heridas del pasado, en el gran campo de la mente en vidas donde aún quedan ámbitos de carne sin cruz y velos sin rasgarse.
Estas voces, buscan desviar, confundir, detener, abortar, apagar y contristar, en otras palabras hurtar, matar y destruir.
Porque si el enemigo logra contaminar tu mente, puede paralizar tu caminar aunque estés rodeado de promesas.
El apóstol Pablo entendía esta lucha como pocos.
En su carta a los romanos, capítulo 7, él se sincera diciendo "veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros" (Romanos 7.23)
Pablo no está hablando desde la teoría, está hablando desde la batalla.
Está describiendo cómo el corazón quiere agradar a Dios, pero la mente, si no es renovada cada día por las aguas del espíritu a través del genuino arrepentimiento y una vida de cruz, puede arrastrarnos hacia la dirección contraria.
Él no siempre usa ataques evidentes, muchas veces siembra pensamientos pequeños, casi imperceptibles, pequeñas semillas de cizaña
Y aquí es donde el enemigo trabaja con astucia, diciendo no vas a poder y si fallas, Dios no está tan cerca como crees.
Esas frases repetidas en silencio van construyendo una fortaleza que te encierra desde dentro, porque como dice la escritura "porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo".
En 2da de Corintios 10: 4 - 5 Pablo no dice que tenemos que ignorar los pensamientos, ni hacer de cuenta que no están, nos dice que debemos capturarlos, rendirlos y llevarlos a los pies de Cristo.
Cuando el Espíritu quiere limpiarnos por dentro, expone el campo de batalla, no lo hace para humillarnos, sino para liberarnos, porque no puedes limpiar lo que no estás dispuesto a ver.
Y Dios en su misericordia comienza mostrándonos lo que hemos tolerado por tanto tiempo, pensamientos de miedo, de culpa, de acusación, de comparación.
Tal vez creciste escuchando que no eras suficiente, tal vez alguien te marcó con palabras que nunca olvidaste, o quizás eres tú mismo quien cada día te repites que ya es tarde, que tu vida no va a cambiar.
Pero Dios nos dice, que Él es quien nos toma de la mano y nos mira, esto no lo sembró Él, esto no viene de su persona, este pensamiento no es parte de su propósito para tu vida Y en ese momento no se trata solo de orar más o leer más la Biblia, se trata de permitir que la verdad de Dios ilumine cada rincón de tu mente, incluso aquellos que has escondido por años.
El Señor puede limpiar nuestra mente con su Espíritu, porque Él no nos llamo a vivir esclavo, bajo la servidumbre del miedo, sino que nos llamó a gozar de su amor.