Frutos


Los frutos son la manifestación visible de la esencia de un árbol.
Bien lo dijo Jesús, por sus frutos los conoceréis.
No pretendas cosechar lo que no sembraste.
Ni tener de lo que no diste.

Mateo 7:16-20
16. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?
17. Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
18. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
19. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
20. Así que por sus frutos los conoceréis.

Los frutos manifiestan los hechos, las acciones de las personas. 
Por tanto un árbol puede dar frutos buenos o malos, frutos que nacen del espíritu o frutos que nacen de la carne.
A su vez hay frutos que pueden parecer buenos externamente pero por dentro están llenos de malicia, egoísmo, inseguridades y heridas sin sanar. 
Aunque parezcan no son. 
Parecen pero no son.
Son frutos nacidos de un árbol de la carne, árboles vestidos de apariencia, de buena intención, "piadosos", pero llenos de tolerancia a lo torcido, esas son vidas que aún no conocen al Espíritu, más con sus actos se oponen a Él.

Nadie, absolutamente nadie puede dar frutos del Espíritu sin tener a Cristo en su vida como fundamento.
No hay árbol sin antes ser semilla que cae en tierra y muere.
No puede el árbol crecer magicamente, antes de ser árbol es semilla.
Y cada semilla dará fruto según su género.
Cuando esa semila germina y crece, con el pasar del tiempo terminará delatando al árbol. Por lo cual, si es bueno, su fruto será bueno y muchos vendrán a comer de ese árbol; pero si el árbol es malo, su fruto será malo y nadie querrá comerlo.

Porque por el fruto se conoce el árbol.
Ahora preguntate que tipo de árbol eres, porque créeme estás cosechando lo que sembraste, ni más ni menos.

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