El precio a pagar
¿Quieres andar en el Espíritu?
¿Quieres ser convertido en una nueva criatura?
¿Quieres entrar al Reino?
Pues debes pagar el precio
Debes morir a tu vieja vida yendo a la Cruz
¿Quieres hacer la voluntad de Dios?
Debes rendirte y ser obediente.
Sí, el estar en la voluntad de Dios se paga con una vida rendida, se paga con obediencia, se paga con lágrimas en lo secreto, con negarte a ti mismo y a tus placeres o deleites.
Todos quieren unción, manifestar a Cristo, pero nadie quiere tomar la cruz y morir a su mismo, nadie quiere renunciar a su Yo.
Muchos quieren poder, pero no quieren proceso.
Entiende, el precio de portar al Espíritu es muerte, muerte al yo.
Pero ahí, en esa separación Él se revela y te muestra que vale la pena, que su presencia vale más que cualquier cosa, porque encontraste un tesoro.
Mateo 13:44
Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
Porque cuando lo tienes a Él, aunque no tengas nada, tienes todo.
Y ahí es donde todo cambia.
Porque lo que antes te parecía valioso, lo que antes perseguías, lo que antes creías que te definía, pierde su brillo cuando su presencia te llena.
Cuando hay muerte al Yo: el ego se calla, el orgullo se rinde y la carne se sujeta porque ya no vives tú, vive Él en ti. Y esa es la vida que transforma.
Y cuando pagas ese precio, cuando decides vivir así, hay una gloria que te cubre, una autoridad que no se aprende, una paz que no se explica y una comunión tan íntima que te hace llorar de gratitud una y otra vez.
Un corazón quebrantado atrae su presencia.
Y esa es la vida que transforma.
Un corazón rendido vale más que todo el.oro.
Y cuando Él encuentra un corazón así, el cielo baja a la tierra.
Y cuando el cielo toca la tierra, todo lo natural se doblega, todo lo imposible se somete, todo lo muerto resucita, porque su presencia es vida, es fuego, es propósito, es poder.
Sólo necesitas depender de Él y someterte a su presencia, en obediencia y rendición que nace de un corazón constrito y humillado.
Un corazón que reconoce que necesita de Él para vivir.
Eso es lo que pasó con los discípulos.
No eran los más sabios, ni los más influyentes, ni los más preparados. Pero se notaba que habían estado con Jesús.¿Y sabes por qué? Porque tenían un corazón lleno del Espíritu Santo, ellos mostraban la esencia de su Maestro El Cristo.
Un corazón dispuesto a hacer su voluntad, sin temor a nada ni a nadie, sólo a Dios.
No escatimaron pagar el precio, no escatimaron vender todo... ¡Pues habían encontrado un gran tesoro!
Mateo 13:45-46
45. También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,
46. que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.