Nacidos de nuevo



La Iglesia del Espíritu, la resucitada, la Esposa, la amada, es quien tiene en la Tierra la capacidad dada por Dios de poder ser engendrada por su palabra.
Es el vientre que recepciona la simiente de Dios a través del Espíritu Santo, para poder engendrar y dar a luz al Hijo.
Manifestar o dar a luz a Cristo, que Él sea alumbrado en tu Vida, que todos lo vean en ti es lo que debe pasar.
Entenderás que el vientre de la Iglesia (valga la redundancia, decir que Iglesia es cada persona templo del espíritu) fue terriblemente atacado, y es que la amada, la resucitada, la que crucificó su vieja vida con sus placeres y deleites, es ella tiene el  poder de engendrar, formar y dar a luz al hijo a través de la semilla o simiente santa: que es la voluntad de Dios.
Hoy muchos dicen Cristo, Cristo...tu tienes a Cristo como si repartieran caramelos. 
Si bien Jesucristo murió por todos, para que el entre en tu vida debes aceptarlo como tu Señor.
Cuando alguien se convierte en tu Señor esto significa que tu te vuelves siervo de Él por tanto debes obedecerle andando en su voluntad.
Entiende, para poder mostrar a Cristo hay que pasar por la cruz y morir al YO, morir a tu voluntad, volverte siervo.
Esto es arrepentirte, pasando por el bautismo de agua que es mucho más que sumergirte en un río, sino que es sepultar al viejo hombre para que luego seas bautizado en Espíritu Santo y fuego.
Si no mueres, no hay arrepentimiento.
Y si no hay genuino arrepentimiento o genuina decisión de hacer un cambio de vida y mentalidad, es imposible que puedas estar en la condición de rendición para que recibas la voluntad de Dios en tu corazón.
Ser vaciados de nuestra voluntad, y en actitud de rendición es la única forma en la que podrás recibir al Espíritu Santo de Dios, que es quien engendra a Cristo y pone su simiente incorruptible en ti, grabando la voluntad del Padre en las tablas del corazón y la mente de los hijos.

Reina-Valera 1960
1ª Pedro 1:22-23
22. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;
23. siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.


Es importante que entiendas que la persona del Espíritu Santo, tiene el propósito de trasmitir, guiar y enseñar la voluntad de Dios al hombre.
Él es el maestro, la unción que nos enseña todas las cosas, pero lo cierto es que es un espíritu que es tierno y delicado, de naturaleza alegre. Él se contrista, cuando es ignorado, cuando hay pecado, y falta de rendición para que el cumpla su función de guiar a toda Verdad.


Reina-Valera 1960
Gálatas 4:19
Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,


¿No decía Pablo que el proceso de formación es similar a los dolores de parto?
El Espíritu se mueve en comunión con quién lo recibe, porque su fin absoluto es FORMAR A CRISTO EN NOSOTROS PARA QUE ÉSTE SE PUEDA MANIFESTAR A TRAVÉS DE CADA HIJO.


Reina-Valera 1960
1ª Juan 3:9
Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Reina-Valera 1960
1ª Juan 5:18
Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.

Reina-Valera 1960
1ª Juan 5:1
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.

Con esto entiendes que la palabrería no basta, pues Cristo debe ser formado, nacer y permanecer en los corazones de aquellos que realmente se han arrepentido, y han decidido dejar ya de vivir para sí mismos sino para Él. 

Esos son los que renacieron, esos son los nacidos no por voluntad de varón sino por voluntad de Dios.

Reina-Valera 1960
Juan 1:12-13
12. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13. los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.









Entradas populares