Te aborrecerán por mi causa
El verdadero mensaje del evangelio del Reino no trae consigo mucha aceptación o causa agrado al común denominador.
El sistema está diseñado para que cada persona centre su atención en el hombre, en la respuesta fácil, la fórmula o la receta, el atajo, la apariencia, el título, las etiquetas, los reflectores, el dinero, la fama y el poder.
El hombre busca esquivar la CRUZ, porque en ella encuentran tropiezo (Romanos 9:33)
Reina-Valera 1960
Lucas 7:23
y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.
Por tanto el mensaje del evangelio del Reino no agrada a la carne, porque para quien lo recibe el imperio de la carne llega a su fin.
Cuando se pregona Reino, el mensaje puro, la Verdad... cuando no se exalta ni se conduce a la gente a la imagen de un hombre o a un salón, no hay aceptación o contentamiento con el mensaje.
Y es que el verdadero mensaje no trae consigo ni muchos seguidores, ni corazones, ni me gusta ni mucho menos amén.
La palabra de Verdad, tiene el poder de cortar, de discernir, de descubrir aún lo oculto, lo que el hombre, el sistema y la religión tapan. Pues, la Verdad es lo único que puede hacer libre a una persona. Esa libertad no la da un hombre ni un salón, sino Cristo, quien es la Verdad.
La Verdad es que sin CRUZ no hay Reino. Simple.
La carne no hereda el Reino. Pues es opositora al Espíritu.
Hebreos 4:12
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Un verdadero hijo habla lo que ve y oye del Padre. Una espada sale de su boca para cortar con todo fundamento podrido y estructura vieja, sin importar que lo que diga desagrade al hombre.
El sistema no aborrece a los que son suyo, pero si lo hace con los que pregonan la verdadera doctrina, la de Cristo, autor y consumador de la Vida, y no los artilugios inventados por hombres y carteles.
El que habla por su cuenta, busca su propia gloria sea fama, seguidores, poder, adeptos, membresía... Más el que habla la Verdad, ese es el que busca la gloria del Padre.
Juan 7:7, 16, 17 y 18
7. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.
16. Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
17. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.
18. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.