Predicamos a Cristo y a éste crucificado
"... Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado..." 1ª Corintios 1:23
Hoy muchos hablan y le dicen a la gente: tú tienes a Cristo, tienes a Cristo a cualquiera, como si fuera una repartija de caramelos.
Si bien Cristo, está con los brazos abiertos para recibir a todo aquel que lo busca.
También es cierto que Cristo, es un espíritu resucitado... de aquí la importancia de la Cruz en los que realmente lo buscan.
Aquellos que le abren la puerta de su corazón cuando el llama a tu vida.
Pues el Espíritu de Cristo, viene a habitar en aquellos que crucificaron su carne y sus pasiones.
Encontrarnos con Cristo, es encontrarnos con un tesoro o con una perla preciosa, que quien lo encuentre no solamente le basta la actitud de búsqueda sino la disposición a abrirle la puerta, y perder o vender todo lo que tiene (morir a lo viejo) para ganar (vivir).
"También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró." (Mateo 13:45-46)
"Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo." Mateo 13:44
Cristo debe nacer en los corazones de quienes son engendrados por la palabra de Dios, en quienes el Verbo se hace carne.
Por esto predicamos la Cruz, porque la Cruz es la puerta estrecha al Reino de Dios.
"Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu". Gálatas 5:24-25
Estar en la carne juntamente crucificado con Cristo, es la única forma de poder andar en el poder de su resurrección, sentados en regiones celestes junto con Él.
Por tanto sin Cruz, no hay manifestación del Espíritu resucitado que es Cristo.
En la Cruz, el YO muere.
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Gálatas 2:20)
Sin Cruz no hay Iglesia del Espíritu, sino un conjunto de creyentes que se reúnen en estado carnal, caído y bien intencionado.
No puede vivir otro en ti, si tú YO no muere.
No puedes hacer la voluntad de otro, si todavía andas en tu voluntad y en lo que te parece.
No puedes obedecer a la única cabeza que es Cristo, sino pierdes tu cabeza.
No hay poder de resurrección, sin muerte ni cruz.
No hay nada nuevo, sino muere lo viejo.
La Cruz es la victoria de Dios sobre el pecado y el mundo.
Puede el hombre querer en sus doctrinas establecer ordenanzas o leyes externas como sucedió en el tiempo de Jesús dónde discutían cosas vanas como si era válida la circuncisión o no, pero lo cierto es que la Cruz abolió e invalidó toda ordenanza e imposición de hombre, para que toda la gloria de Dios recaiga sobre la Cruz.
Requisito indispensable para el que quiere ser nueva criatura.
"Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación." (Gálatas 6:14-15)
Nadie lo va a hacer por ti, debes decidir en libertad, porque la libertad de elegir te la da Dios, tu decides como quieres vivir.
Pero quien quiera seguir a Cristo, inevitablemente debe tomar su cruz y morir al viejo hombre, a la carne y ser partícipe de sus padecimientos.
"Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame". (Lucas 9:23)
"...sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría." (1ª Pedro 4:13)