Santificados en tu Verdad
La buena batalla se libra todos los días con nuestras decisiones.
Y cada día, debemos recordar que la victoria de la luz contra las tinieblas ya fue ganada por la cruz y el sacrificio de Cristo.
Esa es la Verdad, hay victoria en su nombre. Aunque ciertamente cada día debes permanecer en su Verdad, en la plataforma de Justicia que es Cristo.
Cristo es la Verdad, es un estado en el que hay que permanecer, estando el hombre terrenal juntamente crucificado con Él y resucitados como una nueva criatura, en un hombre espiritual.
Entiende si la carne no muere, si no pasa por la cruz no hay entrada y parte en el Reino.
No hay victoria.
Por tanto cada día, como hijos debemos mantenernos en ese estado como apartados, siendo purificados, santificados en y por su nombre en su Verdad.
Nunca pienses: que es decir de palabra: sí sí entendí y cambie, porque es una carrera de todos los días mantenerse con decisiones firmes y no volver a Adán con sus torceduras, sirviendo al Dios del vientre, siendo un muerto en vida más del sistema de este mundo
Andar en la carne, es andar en el propio vientre... En el "YO" ... Es andar en lo propio, en tus asuntos, en tus deleites, placeres y negociados.
Pero un hijo apercibido en el Espíritu sabe que cada día a cada hora debe santificar el nombre del Padre en la Tierra, haciendo su voluntad, andando en Verdad y Justicia.
La Verdad no es palabrería, la Verdad es Cristo, es hacer la voluntad de Dios en la Tierra.
Por esta razón santificamos su nombre, trayendo y llamando el Reino, para que se haga su voluntad aquí en la Tierra como se hace en los Cielos.
Reina-Valera 1960
Juan 17:11-26
11. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.
12. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.
13. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
14. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
16. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
18. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
19. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
20. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
21. para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
22. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
23. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
24. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
25. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
26. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.