¿Me amas?

¡Qué pregunta! ¿Me amas? ¡Entonces hacé lo que tenés que hacer!
¡Eso es justicia! Hacer su voluntad. No sólo escuchar o hablar, sino obrar en consecuencia.
De nada vale decir amar a alguien, sin hechos, de nada sirve. De nada vale.
Por no entender que las palabras deben corresponderse con los hechos hay tanta deshonra y fracaso en los matrimonios, en la relación con los hijos y en amistades sanas. No lo hay. No hay equilibrio alguno. No hay correspondencia. Porque no se corresponden palabras y hechos.
Jesús no dijo yo conozco tus sentimientos Pedro o tus buenas intenciones (que de hecho el conocía lo que había en el corazóndel hombre), sino que le dijo Me amas? Entonces demostralo, haciendo lo que te corresponde, aunque te entristezca.
Para algo vino Cristo, para que el verbo, lo que Dios había dicho se cumpliese, en otras palabras para que el verbo se haga carne.
Y por algo cada día viene el verbo y sigue viniendo, golpea y sigue golpeando para entrar en las vidas y hacerse manifiesto en carne.
Entonces, no me toca más que dejar de hablar tanto y hacer carne el verbo, fin de la historia.

Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: -Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? 
-Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. 
-El le dijo: Apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez: 
Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? 
-Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. 
-Le dijo: Pastorea mis ovejas.
-Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. 
Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
Juan 21:15-17
Reina-Valera 1960


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