El corazón del Padre
Debemos dejar de imponer e imponernos días, horarios, programas y todo aquello que sea nacido de hombre, que no son más que cosas movibles y vanas... que no hacen otra cosa que generar carga, rutinas, cansancio, costumbre y volvernos a los rudimentos, protocolos y estructuras de religión.
Hoy ya no hay patio, atrio, paredes, ni cortinas que nos separen de Dios porque donde y cuando un hijo genuino invoque y busque su nombre, allí estará Él. Ya no es en aquel lugar o en aquel otro, sino que el lugar y hora es: cuando los verdaderos adoradores lo invoquen en ESPÍRITU y VERDAD.