Deje la doble vida y honre al Esposo (Cristo)


Es totalmente imposible llevar una vida espiritual en el Reino, sin morir a su naturaleza carnal, carne, viejo hombre o como quiera decirle.
Aunque usted se autoengañe con asistencia a reuniones, eventos, congresos, escuelas o juntadas con gente del espíritu, créame es imposible.
La carne está en enemistad con el espíritu.
La carne no hereda el Reino.

Reina-Valera 1960
Romanos 8:5-8
5. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
6. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
7. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
8. y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.



Para entrar al Reino y a esa plenitud de Cristo, debe morir a su carne.
No hay excepciones. 
No se puede.
Aunque de cierto, usted debe saber que si usted quiere llevar una vida espiritual siendo carnal (lo cual no funciona) tendrá una vida sufrida, sin victoria, sin plenitud, frustrada, miserable y agonizante. 
Porque no estará ni vivo para Cristo, para lo cuál es necesario morir a la carne. No estará vivo para el mundo.
Será tibio, ni frío ni caliente. Una persona llena de levadura de hipocresía y dobleces.
Será fornicario e infiel, por no honrar al Esposo (Cristo). Un rato con Cristo un rato con el sistema.
Será perro, porque no quiere comer el pan de los hijos y sólo consume sobras que caen de la mesa.
Será cerdo por pisotear las perlas del Reino y no honrarlas 
Será avaro e idolatra de si mismo y de su YO, de sus placeres, deleites y búsquedas personales.
Será transgresor porque habiendo recibido la luz no quiere ver, no quiere oír, no quiere cambiar sus vestiduras, no quiere dejar las cosas que usted considere riquezas, incluyendo altares e ídolos, en definitiva no quiere dejar sus caminos, ni sus malas obras.

Reina-Valera 1960
Juan 3:18-21

18. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
20. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
21. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.









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