Cristo, un antes y después en la vida del hombre



Cristo, vino en Jesús para abrir el camino que nos separaba de Dios.
Cristo debe marcar un punto cero, un antes y después en tu vida.
Pero para que esto suceda deberás ser enceguecido a lo que conoces.

Reina-Valera 1960
2ª Corintios 5:16-17 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Porque Dios no encegueció a nadie antes de llamarle para su servicio; pero lo primero que tiene que ocurrir es que enceguezcas con el fin de perder todo lo que es del mundo, antes de poder ser apenas uno de sus esclavos más insignificantes.
¿Pero por qué es necesario enceguecer primero? Porque en un tiempo así como Pablo, todo nuestro ser interior estaba atado en la materia del servicio al Templo, y para que pudiera ser retirado de ella, debía enceguecer.
Pablo, fue llamado por el Señor sin ceremonia, incluso durante su ceguera.
¡¿O acaso no es así, como me enseña el Espíritu de Dios todo el tiempo?! 
— El que tiene la luz de los ojos naturales puede mirar las ceremonias del mundo y se entretiene en ellas; ¡pero para los ciegos el mundo con sus ceremonias ya no existe… con lo que tampoco
el servicio del Templo y todas las vestimentas adornadas, junto con el humo y las luces!
De modo que es una Verdad eterna que el Señor no nos ha llamado para el establecimiento de nuevas ceremonias y atar a hombres y mujeres atentando contra la libertad del Espíritu, y fomentando la exaltación del humanismo, sino para alzar los corazones, alrededor de los cuales Satán ha forjado sus duras cadenas durante miles de años; y para predicar a todos la libertad del espíritu, la paz del alma, y con esto destruir, en Cristo el Señor, las bandas duras de la muerte.
¡Dios nos ha llamado a ir a Él como fuente de todo y a caminar en la luz de su presencia y Verdad!

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