Todo lo estimo por basura
Pablo escribió: “Pero cuantas cosas para mí eran ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos” (Filipenses 3:7-11).
Es fundamental para el hombre encontrarse plenamente con la Verdad: Cristo. Solo la Verdad libera al hijo de Dios. Sin ella, la mente y el alma no pueden ser libres, sanas, sujetas al Espíritu. Muchos han sufrido caídas, rechazo, abuso, decepciones, fracasos matrimoniales, problemas con sus hijos, rebeldía, entre otras cosas.
Éstos son los que luego, siendo vulnerables, por las controversias que hay en su alma son engañados por doctrinas humanas y de confusión que buscan llenar los espacios de un corazón vacío con humo y falsa luz. Haciéndoles que están llenos y están vacíos, porque no hubo un encuentro real con la Vida del Hijo.
Caen como presa del sistema de Babilonia, y terminan sirviéndole. Sus almas quedan atadas y estancadas. Son seducidos con todo lo que ella ofrece: títulos, posiciones, menciones y falsas lisonjas.
Hermano, si buscas a Cristo en un hombre, en un edificio, un puesto, un título o estatus, te equivocas.
Para ganar a Cristo, debes perder todo lo que consideras riqueza en tu corazón, en tu interior no fuera, y estimarlo como basura.
Cristo es un espíritu resucitado, que se manifiesta en quienes mueren a su carne, a su vieja vida, quienes dejaron todo para comprar la perla de gran precio: el Reino.
“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:24-31).
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