Sobre arrepentirnos: Volver a la única fuente de Vida
Arrepentirnos por demorar y no volver de todo corazón a la única voz,
Arrepentirnos por no volver a la primer voz, la voz del Padre.
Arrepentirnos porque más de una vez haz hablado... y muchas veces en vez de buscar y profundizar, desechamos... arrepentirnos por dudar de lo que tú haz hablado y establecido.
Arrepentirnos poder dejar de oír esa voz fresca, esa voz que no necesita que seamos los más doctos, esa voz que no necesita títulos ni teología, esa voz que sólo viene a un corazón dispuesto a hacer tu voluntad, en arrepentimiento genuino.
Hablaste de un huerto que debíamos guardar y labrar, tu "plantaste", estableciste al hombre en el huerto y ese es el diseño de tu Reino: Volver al Edén, volver a tu voluntad, volver a tu deleite, volver a complacerte Padre. Manifestando al amado, en quién tu te complaces: El Cristo y oyendolo sólo a Él.
"...Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Mat 17:5
Nunca diseñaste salones, reuniones, actividades, ni hombres que te den el manual para vivir en el huerto.
Mandas mensajeros, para anunciar arrepentimiento que no es más que la invitación para volver al Edén, al lugar de tu deleite, a tu voluntad.
Diseñaste un huerto, para que el hombre ande desnudo en tu presencia sin nada que ocultar, lo diseñaste para que se alimente con alimentación natural a través de tomar, comer y vivir a través de los frutos, todo alcance de la mano desde la fuente misma. Allí no existía alimento artificial, la mano del hombre no intervino, no había comida regurgitada por hombres, ni habían edificaciones hechas con manos de hombres, no habían reuniones, horarios, protocolos, ni manuales, no había ningún intermediario humano para oír tu voz.
Volver al origen, a lo primero, a la fuente.
Que cada día lo primero, lo realmente importante sea SOLO OIR TU VOZ Y COMER DE LA FUENTE.