Salid de ella pueblo mío

El Sistema: Babilonia, tiene como posesión más valiosa: sus esclavos. 
Los esclavos son aquellos que durante años han sido huérfanos y llenos de temor e idolatría al hombre, que solo encuentran consuelo en la adoración de sustitutos y placebos, venerando a ídolos con rituales, mensajes vacíos y vestiduras adornadas, en lugar del Padre Eterno.
Porque tú Padre Santo, nos llamaste a salir de servidumbre, de esclavitud... a tomar nuestra herencia.
Porque a través de tu sacrificio, nos diste la salida, la libertad, el espíritu de adopción para salir corriendo a tus brazos, Padre.
Pero nos llamas a un arrepentimiento genuino, a un cambio en lo profundo de nuestro entendimiento, a remover toda levadura, todo yugo, toda dureza, rigidez y estrechez en el corazón.
Porque la unción del Cristo pudre los yugos.
Pero el gran problema del pueblo de Israel es que salió del sistema opresor sólo en el cuerpo, en el mundo físico, más no salió de Egipto en su corazón.
No llevaron pan leudado, pero si llevaron la levadura en el corazón.
No escudriñaron su estado, ni tampoco hubo escudriño de las secuelas, las marcas, los residuos que dejó nacer, crecer y vivir tantos años en esclavitud... Su cerviz estaba endurecida, su corazón estaba endurecido, rebelde y obstinado.
Aún la Libertad, fue vista por ellos como imposición. No entendieron. Murmuraron, se quejaron, dudaron, tuvieron temor a morir... Sin entender, el propósito del Padre de darles la Tierra por herencia.
Quien es niño, no difiere del esclavo, aunque es señor de todo no puede administrar la herencia, porque no está facultado para hacerlo.
Por esta razón si el Padre te está llamando a salir de Egipto, de Babilonia, procura hacerlo en cuerpo, alma y espíritu y corre a los brazos de Él.


Rogamos al Padre por liberación, para que muchos atraviesen el umbral de la puerta estrecha, manchado con la sangre del Cordero, y descubran la verdadera filiación de la vida en comunidad, una que trasciende los templos consagrados hechos con manos de hombre, y experimenten la auténtica hermandad del cuerpo de Cristo.  
Sabemos que necesitamos que por el Espíritu sean abiertos los oídos para oír el clamor del Padre, el cual clama: "SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades" (Apocalipsis
18:4-5).
Nuestra oración no es solo por ellos, sino también por los que vendrán, cuyo destino dependerá de esta liberación de la cautividad.


Reina-Valera 1960
Apocalipsis 18:9-24
9. Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio,
10. parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!
11. Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías;
12. mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol;
13. y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres.

14. Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás.
15. Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando,
16. y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas!
17. Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas. Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos;
18. y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?
19. Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!
20. Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.
21. Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada.
22. Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti.
23. Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones.
24. Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.




Te invitamos a leer este escrito, que sin duda será para que sean abiertos los ojos y los oídos de muchos hermanos que aún están en cautividad.

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