Los que son guiados por el Espíritu esos son llamados hijos de Dios
PARA QUE VENGA EL ESPÍRITU SANTO A MORAR EN NOSOTROS EL "YO" DEBE MORIR
Cristo murió por todos, pero su espíritu es santo, se queda a morar dónde lo honran en el agrado al Padre y a su voz.
Es un sello para los apartados.
Escuchar la Voz del Espíritu Santo es necesario. El Espíritu Santo te guía. Su convicción te muestra lo que está bien y lo que está mal, te ayuda a entender la voluntad de Dios y te da fuerza para vivir una vida plena.
Para quienes tienen fe fuerte, el Espíritu trae una certeza profunda sobre el pecado, la justicia de Dios y el juicio.
El arrepentimiento no debe ser superficial, buscando la aprobación de otros, sino una conexión directa con Dios, un volver a Dios con todo el corazón sin dobleces.
Dios siempre se comunica con nosotros; a veces través de personas, pero LO QUE DIOS QUIERE ES QUE VAYAS A LA FUENTE, DE PRIMERA MANO, DEPENDAS DE ÉL Y ESCUCHES SU VOZ A TRAVÉS DEL ESPÍRITU SANTO.
Él nos guía a la madurez espiritual, a entender Su voluntad directamente. Escucha su voz.
LA VOZ DE DIOS NO ES LA VOZ DE TU CORAZÓN.
TU CORAZÓN NEGOCIA, DUDA, DIVAGA EN SUS ASUNTOS Y CONVENIENCIAS.
Pero Dios cuando Dios habla a cada uno de nosotros: SU VOZ ES CLARA Y LLENA DE AUTORIDAD.
No sigas a ciegas a otros, OBEDECE A DIOS PRIMERO porque sabes y entiendes que es correcto, que su voluntad es BUENA, AGRADABLE Y PERFECTA porque el Espíritu te lo confirma. Honra a Dios actuando por convicción, no por obligación o como esclavo, haciendo algo porque un hombre te lo dice.
La palabra promete que Dios escribirá sus leyes en nuestros corazones. El Espíritu Santo cumple esa promesa, guiándonos a la verdad, para aquellos que se rinden a su voluntad.
Pues, quienes son guiados por el Espíritu esos son llamados hijos de Dios.
Reina-Valera 1960
Jeremías 31:33-34
33. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
34. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.
Reina-Valera 1960
Hebreos 8:11
Y ninguno enseñará a su prójimo,
Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor;
Porque todos me conocerán,
Desde el menor hasta el mayor de ellos.